| Mensaje por el Día Mundial de la Infancia |
20 DE NOVIEMBRE,
Día Mundial de la Infancia
“Pensamos en un niño que se llama Noun. Noun es nuestro amigo. Noun vive con su padre en una casa muy pequeña. Su padre trabaja cada día, hace pequeños trabajos. Tiene una enfermedad incurable. Cuando su papa está demasiado cansado, Noun tiene que dejar de estudiar durante varias semanas. Tiene que ir a buscar trabajo en lugar de su papa. Pero Noun no quiere abandonar, sentirse desesperado. Cuando tiene un trabajo y lleva dinero a casa, él es el que compra el arroz para varios días. Y, así, Noun puede volver a estudiar. Noun siempre espera que mañana sea un mejor día.” Supason y Muay (Tailandia)
Este 20 de noviembre, día mundial de la infancia, queremos ser los portavoces de todos estos niños que, como Noun, no quiere bajar los brazos, sueñan con ir a la escuela cada día: “queremos ir a la escuela cada día pero algunos de nosotros no pueden. El Saber es muy importante porque lo podemos utilizar para arreglar los problemas diarios de la manera más correcta”. Darbens de Haití añade: “para tener una buena educación y aprender un oficio porque necesitamos profesionales para reconstruir el país”.
Ser los portavoces de estos niños que sueñan con un trabajo digno para sus padres, de estos niños que están en la espera de una casa: “una casa para vivir feliz en familia” escribía a Tapori un niño de Francia hace poco: “pero la espera es demasiado”. Y de estos niños que inventan a su manera el mundo para “dar un respiro a sus padres”. Queremos ser los portavoces de todos estos niños como Supason y Muay que se atreven a ser los amigos de Noun, y que, en nombre de la amistad, se atreven a crear e inventar una y mil maneras para estar al lado de los que más dificultades tienen.
Ser también los portavoces de estos niños y jóvenes que, como Verónica de los EEUU, testimonian del saber hacer de sus padres:
“Cuando mi padre era niño, aprendió de su padre a cuidar de los animales de granja. Mi madre ayudaba a mi abuela que tenía una pequeña abarrotería. Mis padres aprendieron a trabajar cuando eran jóvenes. Yo también aprendí a ayudar a mis padres, como mis padres lo hicieron con sus propios padres. Empecé a colectar y reciclar las latas con mi madre. Fue después del accidente que tuvo mi padre. Mi padre tuvo que pasar algún tiempo en el hospital, ya no podía trabajar y teníamos todas las facturas del hospital que pagar. Por problemas también de salud de mi madre, ella no podía llevar cargas muy pesadas, es entonces que decidí ayudarla. Al principio, tenía vergüenza porque algunos de mis amigos vivían donde recogíamos las latas. Si les veía, hacía como si hacía otra cosa. Mi madre me dijo que no tenía que tener vergüenza, trabajar no es vergonzoso”. Noun, Supason, Muay y Verónica nos interpelan: ¿Nos atrevemos a ser los amigos de los que no tienen amigos?.
“Para mi, la paz es un acuerdo. Si nos ponemos todos de acuerdo, es más fácil pero, para ponerse de acuerdo, cada uno tiene que poner de su parte” dice Mathilde de Portugal.
¿Nos atrevemos a vencer nuestros miedos para ir a encontrar al otro y conocerlo mejor?
Agnés, Asia y Julieta
Tapori International
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